martes, 23 de enero de 2018

Reflexiones de Dulce #2

Una ciudad y un pueblo no son lo mismo. 
Aunque eso seguro que ya lo sabréis. Pero no estoy hablando sólo por la diferencia en el número de habitantes. Me refiero también a detalles que se ven a simple vista en las personas.

Una de las cosas es que en una ciudad, a menos que no conozcas a las personas en cuestión, la gente por la calle no se saluda. Ni un hola.
En un pueblo todo es mucho más distinto, en un pueblo si los perros pudieran hablar seguramente también te saludarían sin conocerte de nada. Aunque eso no es del todo cierto.

En un pueblo se conoce tooodo el mundo, saben de quien eres hijo/a, donde vives, la profesión que tienen o tenían tus padres, etc. Si no saben nada de eso es porque eres de fuera.
En una ciudad no se conoce nadie, a menos que, como he dicho con anterioridad, conozcas a la otra persona porque trabajáis juntos, vais juntos a clase o alguna cosa parecida.

En una ciudad se oyen muchas ambulancias al día, pero nadie sabe que ha pasado, a menos que alguien cercano a ti esté involucrado. En un pueblo, si pasa algo fuera de lo común, en menos de un par de horas ya lo sabe todo el pueblo, porque tenemos un método muy bueno para enterarnos de todo: las señoras de pueblo.
En las ciudades claro que hay señoras, pero no son iguales que las de los pueblos, ya os lo digo yo.

No me quiero enrollar más, la gente que vive en una ciudad y en un pueblo como yo sabrá de lo que hablo, simplemente quería expresarme y decir que los dos sitios son buenos, da igual donde vivas, la cuestión es hacer de ese lugar tu hogar.

¡Nos leemos pronto!

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